miércoles, 6 de mayo de 2020

¿POR QUÉ ACABA ASÍ EL CAPÍTULO VI?


¿Qué ocurrió en el pasado de Samara y Beatriz para que aquel domingo de septiembre de 2003 las dos muchachas se separaran tan doloridas? Beatriz se quedó en Niebla y Samara regresó a Sevilla, a sus estudios, pero algo les había desgarrado las entrañas.

 Aquella noche, en Sevilla, Samara quiso comprobar cuánto alcohol podía entrar en su cuerpo antes de que se le nublaran los recuerdos para siempre, y amaneció rodeada de sus propios vómitos junto al ciprés de los pantanos de la glorieta de Bécquer, con la leve pero inquietante idea de haber estado besando y acariciando, entre lágrimas, durante larguísimo rato, las alas rotas de la estatua yacente que representa el Amor Herido.

martes, 5 de mayo de 2020

SAMARA AMÉZAGA, INSPECTORA DE HOMICIDIOS

Samara es hija de Juan Pedro, el médico jubilado que vive en una de las dos casitas de la estación. Íntimas amigas Beatriz y ella desde la infancia, la vida las separó mientras estudiaban en Sevilla. Beatriz regresó al pueblo, Samara continuó sus estudios y hoy es inspectora de homicidios, a las órdenes del comisario Cruzado y en colaboración con el subinspector Serrano.
Samara lleva años sin regresar a Niebla. Dejó cosas por cerrar. Ahora tendrá que enfrentarlas. O enterrar la cabeza en la arena, como las avestruces.
Samara es la musa de unos versos de Javier Egea:

 Decían que eras alta y joven, casi triste,
que ni siquiera hablabas por no perder el paso,
que te habías marchado de la vida
por un extraño amor…
Yo la evoco con la media melena que le cae sobre los hombros, lisa porque se hace la toga, alta y seria, con la piel aterciopelada y los ojos melancólicos, oscuros, ojos que miran hacia dentro. Camina rápido, alerta, porque es su oficio. No quiere recordar pero la música la obliga a hacerlo.
Samara tiene un Suzuki azul al que llama "Suki" y le gusta escuchar poesía y blues mientras conduce... 

lunes, 4 de mayo de 2020

¿POR QUÉ LEER LO QUE ESCONDE EL OTOÑO?

Porque es una historia de suspense, y éste empieza en la primera página. Porque los personajes son muy de carne y hueso, con sus problemas, sus secretos, su bajeza y su altura moral como la mía o la vuestra. Encontrarás a una inspectora de Homicidios con pasado, a una costurera tachada de “bruja” y a su hija adolescente que comparte los sueños premonitorios de la madre. Encontrarás a una peluquera que lucha cada día por su vida y por su matrimonio, a una chica que limpia por las casas y se siente juzgada por su pasado, a su ex marido que la ignoraba en su propia casa, a un porrero que quedó anclado en los 80. Y todo esto transcurre en Niebla, una pequeña ciudad cargada de misterios desde hace siglos, con el río Tinto, Urium. río único en el mundo, río marciano, río en el que la vida bulle desde su más profundo interior.

Te va a gustar Lo que esconde el otoño porque en su lectura se encuentra poesía, música, imágenes, vida y muerte. Porque puedes ser Samara o ser Beatriz, el campechano comisario Cruzado o el atractivo subinspector Serrano. Puedes ver, identificar con tu gente conocida a Rosi, llena de dudas en una vida que nunca sonríe, o a la profesora Isabel, culpable de inocencia, o a las jovencitas Aurium y Miriam, curiosas y víctimas potenciales, o a Mateo, erigido en juez de las mujeres de su familia, o a Fernando, condenado por mirar y ver.

Te gustará esta narración porque el otoño siempre esconde secretos, y en esta obra los secretos se van desvelando como una danza hasta que en la última página cae el séptimo velo y todas sus intimidades son entregadas al lector.

domingo, 3 de mayo de 2020

DOÑA ISABEL

Doña Isabel es la maestra. Lo fue de Laura y años después, de Samara y Beatriz. Doña Isabel ama la lectura y siempre ha deseado sembrar ese amor en sus alumnos. Doña Isabel era amiga de María, la madre de Samara. También fue ella quien descubrió el cadáver de su alumna en la estación abandonada.
Pero doña Isabel sabe que un día negó la ayuda a una niñita de ojos negros que la miraban suplicantes, y eso nunca, nunca, se le olvidará.
¿Habría sido todo diferente si hubiera escuchado lo que Laura le quería decir y no se atrevía?
Fragmento del capítulo II.

Por la mañana, Laura abrió la ventana de su dormitorio y aspiró, golosa, los deliciosos aromas del huerto. El huerto, brillante de rocío, ya no era el amenazante monstruo de mil brazos que se deshilachaban en largos dedos acabados en uñas curvadas. El miedo de las noches se evaporaba al salir el sol, como la niebla que subía del Tinto.
Más allá, vio a María echando pienso a las gallinas, con la pequeña Samara detrás de ella, riente y gritando “¡Os! ¡Os!” como hacía su madre. Una dulzura rosada invadió su vientre y la llevó a la cocina con una sonrisa que se le fue resbalando al escuchar a su madre.
-Anoche hablé con tu padre –le dijo Rosi poniéndole el desayuno.
-¿Sí? –Laura fingió interés pero hacía ya demasiado tiempo que había olvidado el olor de su padre, y el calor que irradiaban sus manos al acariciar su pelo, y hasta el timbre de su voz al natural. Tener un padre que no ejercía como tal era más desolador que no tenerlo.
-Me ha dicho que te castigue si hace falta, pero que esas notas tienen que subir.
-Lo intentaré –respondió la niña, mirando a su madre con tanta seriedad que Rosi sintió que se le estrujaba el corazón.
-Ay, Laura –le dijo, acercándose a ella y abrazándola torpemente-. ¿Estás bien?
-Sí, mamá.
A Rosi le costaba mucho hacer la pregunta, pero la hizo:
-¿Se… se meten contigo en el colegio? ¿Te dicen… algo?

sábado, 2 de mayo de 2020

MÁXIMO

En 2018, Máximo vive en Sevilla, pero antes habitaba en Villarrasa. En los 70 era un chaval joven, guapo, con moto y con cierta experiencia que le valió para conquistar a la atractiva Rosi. Sin embargo, su experiencia no llegó a avisarle de que hay cosas que deben hacerse con protección, o no hacerse. Una boda apresurada, una habitación en casa de los padres, su ilusión en estudiar mecánica truncada por la necesidad de ganarse la vida... Y el amor que va muriendo, y el desprecio por la persona que, según él, "le ha metido en esto", como si no hicieran falta dos para hacer un bebé.
Máximo rehace su vida, pero en la historia que contó en su momento a la policía, hay algunas discrepancias...

viernes, 1 de mayo de 2020

ADELANTAMOS UN FRAGMENTO DEL II CAPÍTULO...


                                                                      II 
                                VOLVERÁS A TU HUERTO Y A TU HIGUERA...  


Samara aparca el coche y se baja frotándose los brazos, sin poder reprimir un ligero temblor. Está acostumbrada a ver muertos, pero este… Este no es un muerto normal. En primer lugar, el forense asegura que debe llevar treinta años muertos. Treinta años… casi toda una vida, al menos la de ella.
En segundo lugar, no ha aparecido en cualquier lugar, en un vertedero, en su casa, en un hostal o sabe Dios dónde… No: el cadáver ha aparecido en Niebla. Niebla, su pueblo, su fortaleza amurallada (metafórica y verdaderamente). No había esperado nunca tener que ir a Niebla a resolver un asesinato.
Y en tercer lugar… ¡Lo ha encontrado Beatriz! Samara no daba crédito cucando se lo dijeron. Beatriz, su amiga de la infancia, su confidente de la adolescencia, su… su… ¡Beatriz! Han ido dejando pasar el tiempo sin verse, que si estoy muy ocupada, que si la niña, que si el trabajo, que si la costura, caminos divergentes que de pronto giran con brusquedad para confluir en el punto más inesperado.
Beatriz. Como pájaros blancos, a la mente de Samara acuden los recuerdos, alas abiertas, susurros de vuelo, risas de aquellas niñas que lavaban la ropita de sus muñecas en el arroyo, niñas que se comían el bocadillo –media viena con queso, chorizo o mortadela, según tocara- sentadas en el depósito del agua, en lo alto del Cabezo, dominando la barriada desde allí, con las dos servilletitas iguales que las madres les habían comprado algún martes de mercadillo. Niñas –ya no tan niñas- que leían juntas las primeras novelas de amor, que fumaban a escondidas los primeros cigarrillos, una calada tú y otra yo, ¿te lo hipas?, no que me mareo, pues si no te lo hipas no es fumar, madre mía qué mareo … Y la primera copa, a medias, en la caseta de la feria… Y los primeros chicos, para mí el rubio, qué fresca, a mí también me gusta el rubio más, bueno pues para ti, el moreno tiene unos brazacos… y luego las risas, otra vez, como siempre, y los secretos susurrados apenas, las dos cabezas muy juntas sobre la almohada, el aliento agrio de los primeros cubalibres, el muerdo en el cuello disimulado con un pegote de maquillaje y un foulard negro con hilos plateados…

FRAGMENTO. 1988 -El maldito hijo de puta… -Rosi solo sabía repetir esas palabras. Primero fueron el llanto y la locura, lo...